Descripción

🌱En nuestro Laboratorio desarrollamos una variedad local del conocido #WunderBalsam, con 11 hierbas de la zona y un sabor mejorado MIRÁ LA GALERÍA DE FOTOS! Posee incontables beneficios, especialmente indicado en el tratamiento de dolores de cabeza, digestiones lentas, cólicos, dolores reumaticos, fiebre, estados nerviosos y en forma pura o diluida, en curación de heridas! 💪 Le contábamos eso y mucho más a Paralelo 32 tiempo atrás:

 

– ¿Antes estaba más extendida la información alternativa?

— Claro, pero vino la parte tecnocrática, más cientificista, que lo fue acotando. Por ejemplo, me consta que cuando era chico los médicos de familia, si uno estaba ‘empachado’, lo mandaban a una curandera. Un saber que no lo desconocían, no lo refutaban, no lo prohibían, lo reconocían y lo recomendaban. O te decían ‘tomate un tecito’ o la hidroterapia, ‘ponete un paño de agua fría’, ‘hacete un baño con salmuera’.

– ¿Qué medicamentos no puede hacer un farmacéutico?

— Ciertos comprimidos. O inyectables, porque exigen un lugar estéril. No sólo pierde el farmacéutico, pierde la salud en general, pierde el médico y pierde el paciente. Porque si uno va al vademécum de medicamentos, cuatro o cinco drogas las hacen 20 laboratorios diferentes, con distintos nombres. Si uno saca el nombre comercial y el laboratorio, son casi todas las mismas fórmulas, en un 80% son lo mismo. Hay un 20% de variabilidad, que tiene que ver con alguna droga diferente que actúa sobre la misma afección. La industria impone, el médico no puede prescribir más, lo están acotando. Y ese acotamiento sólo lo puede abrir la industria farmacéutica.

– Se instaló la discusión sobre la cantidad de vacunas. Algunos dicen ‘a mi hijo ninguna vacuna’.

— Las vacunas son toxoides, partes atenuadas de la célula que produce la enfermedad que se inyectan al cuerpo para estimularlo a crear sus propios anticuerpos. En definitiva es un proceso totalmente natural. Se lo planteo con la flora intestinal. Nosotros tenemos la flora intestinal totalmente destruida por antibióticos, agrotóxicos, mala alimentación, exceso de vacunas. La mayor diversidad de flora intestinal hoy se ha encontrado en grupos indígenas del Amazonas, que no habían tenido contacto con la civilización. Ellos sólo tuvieron contacto con la naturaleza; es lo que estamos perdiendo. La intoxicación que padecemos hoy es por la desconexión con la naturaleza. Los pesticidas, ¿cómo no se va a destruir el sistema inmunológico con eso? Hay un exceso en el uso de medicamentos, en los alimentos se ponen conservantes, colorantes, todo los aditivos que se le ocurra. Las dos industrias que hacen punta con esto son la farmacéutica y la alimentaria.

– ¿Y se retroalimentan, una ‘envenenando’ y la otra ‘sanando’?

— Totalmente. En el medio estamos todos los actores, somos el fiambre del medio. Volviendo a las vacunas, están dentro de esa gran discusión. Que no debería ser una discusión, sino un planteo a observar. Hay que tener recaudos. La modernidad plantea que cada persona sea un número, no una individualidad. Y lo que se está empezando a entender es que cada uno es diferente. Si comprás un ibuprofeno o un paracetamol, hay dos o tres especificaciones diferentes. Pero el peso de una persona a otra varía. Y todos toman lo mismo. ¿A quién cura más y a quién menos? Se está perdiendo la individualidad. Cada uno come, digiere, siente, duerme diferente al resto. Todas esas variables influyen en cómo actúa el medicamento. Fíjese cuántas cosas en el medio que no se hablan. Y la intoxicación medicamentosa es espantosa. Además, la influencia de los alimentos industrializados. Hay una relación con el cáncer. Antes se morían más del corazón y ahora cuántos desarrollan un cáncer.

– ¿Se opone al uso de vacunas?

— No, en general estoy con las vacunas del programa nacional. Pero, volvamos a la pregunta del millón: ¿por qué los aborígenes en el medio de la selva no se enferman? Y sin vacunarse. Si me apura, yo sí vacuno a mis hijos. Pero si vemos toda la historia, me entran dudas cuando empiezo a contextualizar todo.

– ¿Qué hace específicamente en su laboratorio?

— Yo tengo una tienda de medicina herbal, donde rescato el uso de las medicinas ancestrales, totalmente comprobadas. Innovo en aplicar la tecnología farmacéutica para darle la mejor calidad posible. Estandarizo la metodología de trabajo para que el producto cumpla con la farmacopea. No utilizo materiales químicos sintéticos, sólo vegetales. Sólo produzco con elementos químicos un antimicótico y una crema dérmica para una farmacia de Ramírez donde hago la dirección técnica. El resto es todo con vegetales.

– ¿Qué autoridad controla su laboratorio?

— Me controla el ICAB (Instituto de Control de Alimentos y Bromatología de la Provincia, N. de R.). Lo que produzco lo trabajo como suplementos dietarios.

– ¿Para el estado la manzanilla no puede ser un remedio?

— Forma parte de un listado de productos aptos para consumo humano. En esto hay una zona gris, legal y de práctica. Como farmacéutico sé qué contiene la manzanilla y qué efectos genera su consumo; como también sabe el nutricionista que le da en la dieta tomate y lechuga. El tomate y la lechuga ¿son alimentos, son suplementos o son medicamentos?

– ¿Cuál es la diferencia entre los tres conceptos?

— Un alimento es lo que uno ingiere para que el cuerpo esté funcionando. Un suplemento es algo que se consume para incorporar un elemento que no está incorporado a través de los alimentos. El medicamento equilibra una situación de desequilibrio pronunciado y visible. El medicamento actúa ahí y se termina, no se usa todos los días. El suplemento engancha una cosa con la otra, no es un medicamento y tampoco un alimento. Yo hago suplementos en base a hierbas. Están más cerca del alimento que del medicamento, pero tienen una función equilibrante.

– ¿Antes de aparecer la industria de los laboratorios, las curas se realizaban con suplementos, no eran medicamentos?

— Exactamente. Yo estoy usando, por ejemplo, cúrcuma y jengibre, como excelentes antiinflamatorios, respiratorios, tomo té dos o tres veces al día. Son formas de ir incorporando cosas que se usan en el arte culinario. Incorporar cosas que hacen bien, que no tienen efectos adversos, son tolerables y se pueden usar como medicamentos. Dada las circunstancias, la afección particular de una persona y dependiendo de la cantidad y la forma como se ingiere, un alimento se transforma en medicamento. Como una aguja, que puede servir para hacer matambre, pero también para cerrar una herida. Por eso hay un dicho: ‘que tu alimento sea tu medicamento y tu medicamento sea tu alimento’. Yo entiendo una enfermedad como un desequilibrio, que un medicamento aumenta o disminuye. Pero hay un montón de variables para modificar ese desequilibrio, por ejemplo, las emociones. Hay personas grandes, muy pocas, que no toman medicamentos. Yo plantearía una encuesta: ¿por qué las personas mayores están condenadas a ser polimedicadas? Que me lo expliquen.

– ¿Le mandan médicos con recetas para preparar?

— Trabajo con algunos médicos que entienden las cosas de esta manera. Me llama mucho la atención que antes había más desacuerdo con lo alternativo. Hoy ya no dicen nada, no están en contra porque no lo pueden detener. Y está el médico que lo apoya. Hoy estoy trabajando con un médico de Ramírez que realiza un doctorado en la Universidad Nacional de Rosario. Lo hace con un gel, que estamos preparando con hierbas medicinales en Fitofarm, para los queloides (cicatriz causada por el crecimiento excesivo del tejido frente a lesiones de la piel, N. de R.)

– ¿Cómo está la cuestión en otros lugares?

— Alemania tiene una fitoterapia y farmacopea muy reconocida y muy fuerte. Francia también. La OMS está muy consciente de la situación, se reconoce las terapias alternativas, la medicina ancestral, la fitoterapia. Hay once hierbas que se usan en amplia variedad de enfermedades y desequilibrios: alcachofa, diente de león, carqueja, marcela, lucera, canela, cúrcuma, jengibre, hinojo, lapacho y cedrón. Cada hierba va aportando su particularidad, todas son antiinflamatorias, algunas depurativas, desintoxicantes.

– En el cuerpo humano hay cuatro filtros, riñón, hígado, pulmón y piel. ¿Si están bien cuidados, uno está sano?

— Sí, también se suma qué comés, cómo lo comés, el descanso, el movimiento. Nuestra generación puede visualizar una ancianidad de cien años, caminando activo, con características más parecidas a las personas de 50 o 60 años actuales, sólo un poco más lentos y arrugados. Pero con actividad social, sexual, profesional, deportiva. Se apunta a eso. Lamentablemente, la medicina actual no lo ve. Y no se habla en esa visualización de medicamentos, existen hábitos, metodologías, se está empezando a romper el esquema del anciano polimedicado.

– ¿Qué principios deben rescatarse al hablar de nueva medicina y nuevos medicamentos?

— La individualidad, hacer la atención y el remedio para cada persona; otro principio es cambiar de hábitos, ir a hábitos saludables; otro, recuperar la medicina ancestral; también la reconexión con la naturaleza. Está comprobado lo positivo de la alimentación mediterránea: el pescado, el aceite de oliva, el vino tinto, el sol, la vida social con mucha risa y muchas fiestas, y moverse. A las 10 u 11 de la noche hay que acostarse a dormir, no forzar el metabolismo, no acelerarnos. Es tanta la aceleración que no medimos las consecuencias. ¿Quién dijo que todos los años debe salir un modelo nuevo de auto y que hay que tenerlo?

¿Quién es? Jaime Ramón Dubner es farmacéutico recibido en la Universidad Nacional de Rosario, especializado en Plantas Medicinales por la misma casa de estudios. Tiene 48 años, es oriundo de Ramírez, de padre farmacéutico, vive y trabaja en Crespo. Trabajó y se desarrolló profesionalmente en la Farmacia Moyano de Paraná. Es creador y director técnico del Laboratorio Fitofarm, dedicado a la producción de productos a base de hierbas y elementos naturales.

#fitoterapia #desarrollopersonal #autoconocimiento #terapiasnaturales #plantasmedicinales

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